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La renaturalización del bisonte europeo

El bisonte europeo vuelve a expandirse por Europa tras décadas al borde de la extinción. España y Portugal estudian ahora su posible papel en la recuperación de ecosistemas y en los proyectos de renaturalización.

La renaturalización del bisonte europeo: del borde de la extinción a protagonista del paisaje europeo

España, Portugal y Polonia exploran distintos caminos para recuperar al gran herbívoro europeo, mientras crece el debate científico sobre su papel en los ecosistemas actuales

Durante siglos, el bisonte europeo estuvo prácticamente condenado a desaparecer. La presión cinegética, la transformación de los hábitats y la pérdida de grandes espacios naturales redujeron sus poblaciones hasta situarlo al borde de la extinción. Hoy, sin embargo, su historia es una de las grandes recuperaciones de la conservación de la fauna europea.

En torno a 10.000 ejemplares vuelven a vivir actualmente en Europa, con más de 7.000 en libertad en distintos países. La recuperación de la especie ha permitido que el bisonte vuelva a ocupar territorios de los que había desaparecido y que se convierta en uno de los animales emblemáticos del movimiento de  renaturalización.

Polonia, uno de los grandes refugios del bisonte

Polonia ocupa un lugar central en esta historia. El país conserva algunas de las poblaciones más importantes de bisonte europeo y de allí proceden numerosos ejemplares trasladados a otros territorios europeos dentro de programas de conservación.

Precisamente desde reservas polacas llegaron los ocho primeros bisontes europeos trasladados a Portugal en 2024. El proyecto, desarrollado en la Herdade do Vale Feitoso, en el distrito de Castelo Branco, supuso la primera llegada de la especie al país. Los animales fueron trasladados desde reservas de Polonia con apoyo del European Bison Conservation Center.

El objetivo no es únicamente conservar al animal. La presencia de grandes herbívoros puede modificar la estructura de la vegetación, favorecer determinados hábitats y contribuir a crear paisajes más diversos.

Portugal: un experimento de renaturalización a gran escala

En Portugal, el proyecto tiene una dimensión especialmente interesante porque el bisonte se incorpora a una estrategia más amplia de recuperación de procesos naturales.

Los ocho ejemplares introducidos en la Herdade do Vale Feitoso disponen de un espacio de unas 7.600 hectáreas y comparten el territorio con otros grandes herbívoros, como los tauros. La iniciativa pretende estudiar cómo se adapta el bisonte al clima y al paisaje mediterráneo y qué efectos produce sobre la vegetación.

Una de las hipótesis que se estudian es su posible contribución a la reducción de la vegetación combustible. Al alimentarse de hierbas, brotes y otra vegetación, los grandes herbívoros pueden mantener zonas más abiertas y crear discontinuidades en el paisaje que dificulten la propagación de algunos incendios.

El proyecto portugués, no obstante, se plantea como un proyecto piloto. Los animales son monitorizados para conocer su adaptación y evaluar sus efectos antes de plantear posibles actuaciones de mayor escala.

España: el regreso que genera más controversia

España representa uno de los casos más debatidos.

El bisonte europeo está presente actualmente en diferentes iniciativas privadas y de conservación, con proyectos especialmente conocidos en Castilla y León. En San Cebrián de Mudá, Palencia, existe desde hace años una reserva dedicada a la especie, donde los visitantes pueden observar ejemplares en un entorno de robledal y pradera.

En 2025, la reserva incorporó además seis hembras procedentes de la República Checa con el objetivo de renovar la genética de la población mantenida en el centro.

Pero la utilización del bisonte como herramienta de renaturalización en España ha provocado un intenso debate científico.

En 2024, un grupo de 40 investigadores pertenecientes a 25 universidades y centros de investigación de nueve países publicó un análisis en el que desaconsejaba la introducción del bisonte europeo como parte de la fauna ibérica. Según estos investigadores, no existen suficientes evidencias para afirmar que el animal pueda restaurar por sí mismo hábitats perdidos o actuar como una herramienta eficaz contra el cambio climático.

La controversia se mantiene. En 2026, la Asociación Española de Ecología Terrestre volvió a abordar públicamente el debate y señaló que, aunque la recuperación europea del bisonte constituye un éxito de conservación, su introducción en la Península plantea nuevos retos ecológicos.

¿Es una especie adecuada para la Península?

Esta es precisamente la cuestión que divide a científicos, gestores y defensores del rewilding.

El bisonte europeo no forma parte de la fauna histórica conocida de la Península Ibérica. En el registro fósil ibérico aparecen otros bisontes extinguidos, como el bisonte de estepa, pero eso no significa que el actual Bison bonasus pueda considerarse automáticamente una especie autóctona española.

Los defensores de estos proyectos argumentan que el bisonte puede desempeñar actualmente funciones ecológicas similares a las de otros grandes herbívoros desaparecidos y ayudar a recuperar procesos naturales que se han perdido con la desaparición de la megafauna y el abandono de la ganadería extensiva.

Los críticos, por el contrario, consideran que no basta con que una especie pueda adaptarse a un territorio para justificar su introducción. También es necesario demostrar qué efectos tendrá sobre las comunidades vegetales y animales existentes y si esos efectos serán realmente positivos.

Un nuevo papel para los grandes herbívoros

Más allá de la polémica, la expansión del bisonte europeo refleja un cambio importante en la manera de entender la conservación de la naturaleza.

Durante décadas, proteger una especie significaba principalmente evitar su desaparición. Ahora, cada vez más proyectos buscan recuperar también las funciones ecológicas que ejercían los grandes animales dentro de los ecosistemas.

El bisonte es uno de los mejores ejemplos. Su recuperación en Europa ha permitido pasar de una estrategia basada exclusivamente en conservar ejemplares a otra que intenta recuperar poblaciones, territorios y procesos ecológicos.

En Portugal, esta estrategia se combina con la recuperación de otros herbívoros y con la creación de grandes corredores naturales. En el Gran Valle del Côa, por ejemplo, Rewilding Portugal trabaja en un corredor de unas 120.000 hectáreas donde el pastoreo natural se considera una de las herramientas para aumentar la biodiversidad y la resiliencia frente a los incendios.

De símbolo de supervivencia a experimento ecológico

La historia del bisonte europeo todavía no ha terminado.

Polonia continúa siendo uno de los principales pilares de su recuperación, mientras otros países europeos están intentando establecer nuevas poblaciones. En Portugal se estudia su adaptación a un paisaje mediterráneo y en España se debate hasta qué punto su introducción puede considerarse verdadera renaturalización.

El gran desafío será separar el entusiasmo por recuperar una especie emblemática de las evidencias científicas sobre su función ecológica.

Porque renaturalizar no significa simplemente devolver animales a un territorio. Significa recuperar, cuando sea posible, ecosistemas capaces de funcionar con una mayor autonomía y diversidad.

Y el bisonte europeo podría convertirse en uno de los protagonistas de ese proceso. Pero, especialmente en la Península Ibérica, todavía queda una pregunta fundamental por responder: ¿estamos recuperando una pieza perdida del ecosistema o introduciendo una nueva pieza en un paisaje que ya ha cambiado?

La respuesta dependerá de los resultados de los proyectos que actualmente se están desarrollando y, sobre todo, de la capacidad de combinar conservación, investigación científica y gestión del territorio.

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