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El nuevo problema de las renovables no es producir energía: es conseguir transportarla

La energía solar y eólica crecen en todo el mundo, pero las redes eléctricas no avanzan al mismo ritmo. El almacenamiento será clave.

La expansión mundial de la energía solar y eólica está alcanzando cifras récord, pero las redes eléctricas no están creciendo al mismo ritmo. El resultado es un nuevo desafío para la transición energética: cada vez hay más electricidad renovable disponible que no puede llegar hasta donde se necesita.

Durante años, uno de los principales retos de las energías renovables ha sido aumentar su capacidad de generación y reducir sus costes. Ahora, el escenario está cambiando. Con la expansión de la energía solar y eólica en todo el mundo, el problema empieza a situarse en otro punto: las redes eléctricas necesitan capacidad suficiente para transportar y gestionar toda esa energía.

Un reciente análisis de Reuters pone el foco en China, donde durante los seis primeros meses de 2026 se habría limitado la producción de alrededor de 360 TWh de electricidad limpia debido a las restricciones de la red. Esta cantidad equivale aproximadamente al consumo eléctrico anual de México.

El fenómeno, conocido como curtailment o vertido de energía renovable, no es exclusivo de China. Australia, Japón e India también están experimentando problemas similares a medida que aumenta la generación renovable y las infraestructuras eléctricas se quedan atrás.

¿Qué ocurre cuando la red no puede absorber toda la energía renovable?

La electricidad tiene una particularidad fundamental: debe producirse y consumirse prácticamente al mismo tiempo, salvo que pueda almacenarse.

Cuando una planta solar o eólica está produciendo electricidad pero la red no tiene capacidad para transportarla o la demanda no es suficiente, los operadores pueden verse obligados a reducir esa generación.

Es lo que se conoce como curtailment energético.

El problema puede aparecer, por ejemplo, en regiones con una enorme concentración de parques solares o eólicos y una red insuficiente para transportar esa electricidad hacia grandes centros de consumo.

Esto crea una paradoja: mientras se siguen construyendo nuevas instalaciones renovables, parte de la electricidad limpia que producen puede terminar sin utilizarse.

China, el ejemplo más evidente

China se encuentra en el centro de esta situación debido a la extraordinaria velocidad con la que ha desarrollado su capacidad renovable.

El país cuenta con enormes instalaciones solares y eólicas, especialmente en regiones alejadas de los principales centros urbanos e industriales. El desafío consiste ahora en transportar esa electricidad a las zonas donde existe mayor demanda.

Según el análisis publicado por Reuters, las estimaciones de organizaciones independientes apuntan a que el volumen de energía renovable limitada en China durante la primera mitad de 2026 fue significativamente superior al registrado en el mismo periodo del año anterior.

El caso chino es especialmente relevante porque demuestra que instalar más paneles solares y aerogeneradores no es suficiente. La transición energética necesita también una transformación profunda de las redes eléctricas.

Un problema que ya se extiende por todo el mundo

China no es un caso aislado.

En India, por ejemplo, los retrasos en nuevas infraestructuras de transmisión están provocando que una parte de la capacidad renovable recientemente instalada tenga dificultades para integrarse en la red. Un análisis de ICRA estima que aproximadamente un tercio de la nueva capacidad renovable del país está expuesta a restricciones de red.

Japón y Australia también están experimentando un aumento de los vertidos de energía renovable, mientras que otros mercados avanzados comienzan a enfrentarse a problemas similares.

La Agencia Internacional de la Energía (IEA) calcula que actualmente existen más de 2.500 GW de proyectos de energías renovables, almacenamiento y grandes consumidores eléctricos esperando conexión a las redes en todo el mundo.

La cifra pone de manifiesto la magnitud del desafío: existe una enorme cantidad de proyectos preparados para producir o consumir electricidad, pero las infraestructuras necesarias para conectarlos todavía no están disponibles.

Las baterías se convierten en una pieza clave

Una de las principales soluciones pasa por aumentar la capacidad de almacenamiento energético.

Las baterías permiten almacenar electricidad cuando existe un exceso de producción —por ejemplo, durante las horas de mayor generación solar— y devolverla a la red cuando la demanda aumenta.

De esta manera, el almacenamiento puede reducir los vertidos y hacer que las energías renovables sean mucho más flexibles.

El crecimiento del almacenamiento está siendo especialmente rápido en mercados como China, Estados Unidos, Australia, India y Chile. El objetivo ya no es únicamente construir parques solares y eólicos, sino combinar estas instalaciones con baterías para crear sistemas capaces de producir y gestionar electricidad de forma más flexible.

También será necesario modernizar las redes eléctricas

Las baterías, sin embargo, no solucionan por sí solas el problema.

La expansión de las energías renovables requiere también nuevas líneas de transmisión, redes de distribución más inteligentes, sistemas de gestión de la demanda y una mayor interconexión entre regiones y países.

La IEA considera que acelerar la construcción y modernización de las redes es una de las prioridades de la nueva era eléctrica.

Esto supone una inversión enorme, pero también abre nuevas oportunidades para sectores relacionados con el almacenamiento, la digitalización, la electrificación y la gestión inteligente de la energía.

El reto de las renovables cambia de escenario

La situación actual refleja hasta qué punto ha evolucionado la transición energética.

Hace unos años, la principal preocupación era conseguir que la energía solar y eólica fueran competitivas frente a los combustibles fósiles. Hoy, en muchos mercados, la cuestión empieza a ser cómo integrar cantidades cada vez mayores de electricidad renovable en sistemas eléctricos diseñados para una realidad muy diferente.

La solución no pasa necesariamente por producir menos energía renovable, sino por construir un sistema capaz de aprovecharla mejor.

Más redes, más almacenamiento, mayor interconexión y una gestión más inteligente de la demanda serán elementos fundamentales para evitar que el crecimiento de la energía limpia termine generando un nuevo cuello de botella.

La transición energética, por tanto, entra en una nueva etapa: el desafío ya no es solo producir energía limpia, sino conseguir que llegue hasta donde y cuando se necesita.

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