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La IA también consume agua: Bruselas empieza a poner límites a los centros de datos

La inteligencia artificial necesita mucho más que electricidad. Los centros de datos también consumen agua para refrigerar sus servidores y Bruselas prepara nuevas medidas para controlar su impacto ambiental.

La IA también consume agua: Bruselas empieza a poner límites a los centros de datos

La inteligencia artificial no solo necesita enormes cantidades de capacidad informática y electricidad. También necesita agua. Los centros de datos que hacen posible servicios como ChatGPT, los generadores de imágenes o los sistemas de IA utilizan sistemas de refrigeración que pueden requerir importantes cantidades de agua.

Ante el crecimiento acelerado de esta infraestructura, la Comisión Europea ha empezado a preparar nuevas medidas para controlar su impacto ambiental. Bruselas quiere que los centros de datos sean más transparentes sobre el consumo de energía y agua y está preparando posibles estándares mínimos de eficiencia.

La medida llega en un momento en el que la Unión Europea pretende multiplicar su capacidad de centros de datos para poder desarrollar su propia infraestructura de inteligencia artificial y reducir su dependencia tecnológica.

¿Por qué la inteligencia artificial necesita agua?

Cuando utilizamos una herramienta de inteligencia artificial, la petición se procesa en servidores situados en grandes centros de datos. Estos equipos generan mucho calor y necesitan sistemas de refrigeración para mantener una temperatura adecuada.

Dependiendo de la tecnología utilizada, la refrigeración puede consumir agua directamente. Por eso, aunque el usuario no vea ese consumo cuando realiza una consulta a una IA, detrás de cada servicio digital existe una infraestructura física que necesita recursos para funcionar.

La Comisión Europea reconoce que el crecimiento de los centros de datos supone una presión creciente no solo sobre la electricidad y las emisiones, sino también sobre recursos naturales como el agua.

El problema puede aumentar a medida que crece el uso de modelos de inteligencia artificial, especialmente aquellos que requieren grandes cantidades de capacidad de cálculo.

Bruselas quiere saber cuánta agua consumen los centros de datos

El pasado 21 de septiembre, la Comisión Europea presentó un nuevo paquete de medidas sobre eficiencia energética y sostenibilidad de los centros de datos.

Una de las principales iniciativas es la creación de un sistema común europeo de clasificación que permitirá hacer más transparente el comportamiento ambiental de estas instalaciones.

El sistema tendrá en cuenta, entre otros aspectos, el consumo energético y el uso eficiente del agua. La intención es que los centros de datos puedan compararse entre sí y que empresas y administraciones dispongan de más información a la hora de elegir infraestructuras digitales.

Además, los centros de datos con un consumo energético significativo ya están sujetos a obligaciones de seguimiento y comunicación de determinados indicadores de rendimiento, que alimentan una base de datos europea. Entre esos indicadores se incluye información relacionada con su huella hídrica.

¿La Unión Europea va a limitar realmente el consumo de agua?

Aquí está el matiz importante.

Por ahora, Bruselas no ha establecido un límite máximo de litros de agua que pueda consumir un centro de datos.

Lo que sí ha comenzado es el proceso para desarrollar estándares mínimos de rendimiento que podrían establecer requisitos más exigentes para estas instalaciones.

La Comisión abrió el 21 de septiembre una consulta pública de 12 semanas para recopilar información y opiniones sobre el contenido de esos futuros estándares. La consulta permanecerá abierta hasta el 14 de diciembre de 2026 y la Comisión prevé presentar una propuesta legislativa durante el segundo trimestre de 2027.

Por tanto, el movimiento de Bruselas es más amplio que una simple restricción al consumo de agua: se trata de avanzar hacia centros de datos que utilicen menos energía y agua y que estén mejor integrados en el sistema energético.

La paradoja: Europa quiere más centros de datos y, al mismo tiempo, que consuman menos

La Unión Europea se encuentra ante una situación compleja.

Por un lado, necesita aumentar considerablemente su capacidad de computación para desarrollar inteligencia artificial, servicios en la nube y nuevas aplicaciones digitales. La Comisión pretende triplicar la capacidad de centros de datos de la UE durante los próximos años.

Por otro lado, una expansión tan rápida puede aumentar la presión sobre las redes eléctricas y sobre recursos como el agua.

La propia Comisión señala que el crecimiento de los centros de datos plantea retos relacionados con el consumo energético, las redes eléctricas, las emisiones de carbono y el uso de recursos naturales.

La estrategia europea intenta, por tanto, combinar las dos necesidades: aumentar la capacidad informática necesaria para competir en inteligencia artificial y, al mismo tiempo, reducir el impacto ambiental de esa infraestructura.

El consumo de agua podría convertirse en uno de los grandes problemas de la IA

El debate sobre el impacto ambiental de la inteligencia artificial se ha centrado hasta ahora principalmente en la electricidad.

Sin embargo, el agua está adquiriendo cada vez más importancia.

La Comisión Europea ha señalado que, a escala mundial, los centros de datos podrían llegar a consumir alrededor de 5.000 millones de metros cúbicos de agua al año en 2027, según las estimaciones recogidas en una publicación de su servicio de información científica y ambiental.

La cifra debe interpretarse como una estimación global y no significa que toda esa cantidad corresponda exclusivamente a sistemas de inteligencia artificial. El dato refleja, sin embargo, la dimensión que puede alcanzar la demanda de agua asociada al crecimiento de la infraestructura informática.

Además, el consumo puede variar enormemente dependiendo de factores como el sistema de refrigeración utilizado, la ubicación del centro de datos, las condiciones climáticas y el origen del agua utilizada.

Nuevas tecnologías para refrigerar los centros de datos

La respuesta no pasa necesariamente por dejar de construir centros de datos.

Una de las líneas de trabajo consiste precisamente en desarrollar sistemas de refrigeración más eficientes y tecnologías capaces de reducir la cantidad de agua necesaria.

La Comisión Europea también está estudiando cómo aprovechar el calor residual generado por los centros de datos. Una investigación difundida por la propia Comisión plantea incluso la posibilidad de utilizar ese calor para procesos de purificación de agua, aunque se trata de una línea tecnológica todavía en desarrollo y basada en los resultados de un estudio concreto.

También se plantea reutilizar el calor generado por los centros de datos en instalaciones cercanas o redes de calefacción, reduciendo así el desperdicio energético.

La eficiencia será cada vez más importante

La cuestión es especialmente relevante porque la demanda de inteligencia artificial continúa creciendo.

La Agencia Internacional de la Energía calcula que el consumo eléctrico mundial de los centros de datos podría más que duplicarse hasta 2030, alcanzando alrededor de 945 TWh. El crecimiento estará impulsado, entre otros factores, por la expansión de los sistemas de IA.

Al mismo tiempo, la eficiencia de los modelos y del hardware está mejorando. El problema es que el aumento del número de usuarios y de aplicaciones de IA puede compensar parte de esas mejoras.

Por eso, la sostenibilidad de la inteligencia artificial no dependerá únicamente de que los modelos sean más eficientes. También será necesario prestar atención a la infraestructura física que los hace funcionar.

¿Qué significa esto para los usuarios?

Para la mayoría de usuarios, las nuevas medidas europeas no supondrán un cambio inmediato al utilizar ChatGPT, generar una imagen con IA o utilizar cualquier otra herramienta.

El objetivo se encuentra principalmente en el nivel de la infraestructura: los grandes centros de datos tendrán que ofrecer más información sobre su consumo y, previsiblemente, afrontar requisitos de eficiencia cada vez mayores.

La cuestión del agua añade además una nueva dimensión al debate sobre la sostenibilidad digital.

Hasta ahora, hablar de la huella ambiental de la inteligencia artificial significaba principalmente hablar de electricidad y emisiones. A partir de ahora, el agua puede convertirse en otro de los indicadores fundamentales para medir el coste ambiental de la revolución de la IA.

Una tecnología digital con una huella muy física

La paradoja es evidente: cuanto más virtual parece la inteligencia artificial, más infraestructura física necesita detrás.

Servidores, chips, electricidad, redes, sistemas de refrigeración y agua forman parte de la cadena que permite que una simple consulta a una IA obtenga una respuesta en segundos.

Bruselas ha comenzado a poner el foco en esa infraestructura. Todavía no existe un límite europeo de consumo de agua para los centros de datos, pero la Comisión ya está preparando el camino hacia unos requisitos de eficiencia más estrictos.

La evolución de estas normas será especialmente relevante en los próximos meses, cuando se cierre la consulta pública y avance la propuesta de estándares mínimos prevista para 2027.

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